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Brunca/ boruca/ brúncajc/ brúnkajk

Última actualización: Lengua / Cultura

La lengua brunca (brúnkajk, brunka), tradicionalmente denominada boruca, se habla en el cantón de Buenos Aires, provincia de Puntarenas. Pertenece al grupo ístmico, rama ístmica occidental, de la familia chibcha (Constenla 2008).  Cuando se inició el estudio lingüístico profesional de este idioma, ya se encontraba en un avanzado estado de desplazamiento. Los datos del Censo Nacional de Población del 2011 no resultan fiables cuando se cotejan con las cifras aportadas por los diversos lingüistas que han realizado trabajo de campo desde la década de 1990. Así, se consigna un número variable de hablantes ancianos y semihablantes según el autor (10 hablantes fluidos y unos 50 semifluidos, para un 2,3% de la población según Rojas (1992); 5 bilingües mayores de 80 años y una treintena de hablantes receptivos, el 0,69% de un total de 5012 individuos, de acuerdo con Quesada y Rojas (1999); una docena de hablantes receptivos y 6 ancianos con competencia en el idioma y que aún lo usan en el ámbito familiar, aproximadamente el 0,72%, según Quesada (2000)). Nótese que los cálculos son de más de hace una o dos décadas.  Así las cosas, este idioma se clasificaría como en peligro crítico de acuerdo con los parámetros de la UNESCO (Sánchez 2013).

Bibliografía citada

Constenla Umaña, Adolfo. 2008. «Estado actual de la subclasificación de las lenguas chibchenses y de la reconstrucción fonológica y gramatical del protochibchense». En: Estudios de Lingüística Chibcha 27: 117-135.

Quesada Pacheco, Miguel Ángel y Carmen Rojas Chaves. 1999. Diccionario boruca-español/español-boruca. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Quesada Pachecho, Juan Diego. 2000. “Synopsis of a Boruca terminal speaker”. Amerindia. 25: 65-86.

Rojas Chaves, Carmen. 1992. “Morfología derivativa de la lengua boruca”. Estudios de Lingüística Chibcha. 11: 35- 64.

Sánchez Avendaño, Carlos. 2013. “Lenguas en peligro en Costa Rica: vitalidad, documentación y descripción”. En: Káñina XXXVII(1): 219-250.

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